GUSTAVO DUDAMEL: “A MI RELACIóN DE AMOR CON EL LICEU NO HACE FALTA PONERLE TíTULO”

Gustavo Dudamel (Barquisimeto, 1981) se siente identificado con Barcelona. La conexión existe desde su niñez, cuando el maestro Abreu, junto al que creció como chaval del Sistema de orquestas juveniles e infantiles de Venezuela, le transmitió su admiración hacia esta ciudad y su mundo coral junto con sus aprendizajes. Será la conexión caribeña con la luz y el color del Mediterráneo, pero se siente más que Amigo de Barcelona, dice, en relación al título honorífico que le ha otorgado este miércoles el alcalde Jaume Collboni en un acto en el Saló de Cent. Un reconocimiento a "su cultura de la paz y su sentido de la justicia social, y a su manera de hacer de la música un instrumento de transformación social”.

La relación musical de Dudamel con la capital ha sido intensa los últimos 16 años. En Barcelona ha recalado desde 2008 con la Sinfónica de Göteborg, la Simón Bolívar, la Filarmónica de Viena, la Mahler Chamber, la Filarmónica de Múnich, la Filarmónica de Los Ángeles... y se ha puesto al frente de la Orquestra i el Cor del Liceu o los coros del Palau de la Música, como hará este viernes en el concierto del Clàssica a la Platja que supone el pistoletazo de salida de la Regata Cultural de la Copa América. 

El maestro venezolano atiende a La Vanguardia en el paraninfo de la Escola Industrial, institución que ha llegado a un acuerdo con el Liceu para ceder su gran espacio a la orquesta y el coro cuando precise ensayar partituras de abultada instrumentación, como es el caso, dado el programa de bandas sonoras de John Williams que se cuece para compartir este viernes con la ciudadanía, en la playa de Sant Sebastià de la Barceloneta.

 Turangalila, Sacre du printemps, integral de Beethoven, cuatro óperas...  ¿Es comparable en intensidad a alguna otra ciudad su relación con Barcelona?

Creo que no. Quizás, evidentemente, Caracas, donde crecí, y Los Ángeles, que es un hogar. Pero creo que este es el sitio... me enamoré de la ciudad y de su personalidad desde el primer momento. Y lo bonito es que el camino se ha ido construyendo de manera muy natural. Me la conozco, caminamos con mi mujer por su rincones, pero siempre que vuelvo me sorprende algo nuevo. Y musicalmente es una delicia compartir con un público tan cálido, tan conectado, tan culto. Es un privilegio. Me siento más que amigo de la ciudad.

Me siento más que amigo de la ciudad, me la he recorrido bien. Nos encanta caminar y descubrimos los barrios"

Si fuera una sinfonía, ¿cómo sería Barcelona?

Tiene mucho de todos los sentidos, del visual, del gusto... Es muy colorida, de un color intenso pero cordial, delicado. Toda la familia nos sentimos en casa. María [Valverde] conoce muy bien Barcelona y me la ha mostrado a fondo, hemos cosechado amistades profundas, hermosas. Además nos encanta caminar, descubrimos los distintos barrios, nos metemos en ellos. Y se come extremadamente bien. Por lo que respecta a la Orquesta del Liceu, siento que la conozco, tiene un nivel maravilloso, hemos ido trabajando con intensidad y me siento en casa.

¿Se plantearía ser director musical del Liceu ahora que ha pasado un tiempo desde que dejó la Ópera de París?

No. Tenemos una amistad hermosa que debemos cosechar, pero ese amor no hay que definirlo con nombres o con títulos. Trabajamos de manera muy agradable y eso ya es suficiente, el resto es la parafernalia de los títulos. Pero yo sigo y seguiré viniendo muy a menudo.

Comencé mi carrera muy joven, con mucha intensidad, cumplí esa etapa de exprimir el tiempo al máximo en cantidad. Ahora lo hago, pero en calidad"

¿Tiene planes?

Sí, hay muchas cosas en conversación. Lo más complejo es conseguir más tiempo. Yo comencé mi carrera muy joven, con mucha intensidad, cumplí esa etapa de exprimir el tiempo al máximo en cantidad. Ahora lo estoy exprimiendo al máximo, pero con calidad, y eso tiene que ver con la familia y con el tiempo para mí de reflexión, de estudio, de aprendizaje, no solamente musical sino de amistades, sobre el trabajo que tengo en Los Ángeles, el que pronto tendré en Nueva York... Tengo muchos sueños, pero quiero pensar en cada uno y darle su tiempo adecuado.

Le dedican el concierto del Clàssica a la Platja a John Williams. ¿Tiene más proyectos en el cine?

Estando en Los Ángeles, el cine siempre está presente. Me fascina, es hermoso pero complejo, de mucha intensidad. John ha sido un hermano, un padre musical, un referente. Y a través de él, el trabajo con Steven Spielberg, a quien conocí cuando grababan la música de Tintín . He tenido la oportunidad de trabajar con él en West Side Story , con John Williams en Star Wars, con Bradley Cooper para Maestro... Yo mismo he incurrido escribiendo una banda sonora hace años, ahora estoy escribiendo otra, pero son cosas muy específicas.

¿Es mitómano?

Esos personajes se convierten en mitos, pero al final son personas, personas con sueños, con hermosas ambiciones, a las cuales tú te conectas y quieres aprender. Yo siempre digo que yo soy músico por el disfrute con mis amigos. Ese era mi sueño. Mi sueño ni era dirigir las grandes orquestas del mundo, ya las dirigía en mi casa en las grabaciones. Mi sueño era tocar en la Orquesta Juvenil en Barquisimeto con mis compañeros, disfrutar con ellos, tocar en la Sinfónica. Mi camino ha sido muy natural, crear vínculos con gente importante es un privilegio pero no me he presionado.

Ha dirigido en grandes venues, pero nunca en la playa. Y le encanta la idea de tocar el viernes la banda sonora de Tiburón .

No en el sentido dramático y terrorífico: es un guiño. John Williams le dio a la película de Spielberg una dimensión maravillosa. Steven lo dice, que esa música hizo la película. Todo el programa es un viaje de fantasía, de ilusión, de historia, de sueño, de miedos. Es la primera vez que lo hago con una orquesta que no sea la de Los Ángeles, que tiene Hollywood en el adn, pero el primer ensayo fue una maravilla. Es música muy referencial, la sentimos muy familiar, pero que es difícil de asumir. Muchas notas, muchos retos físicos para los metales, vientos, cuerda, celesta, arpa, todo es muy demandante. Y la orquesta lo ha asumido: se trata de llevárselo al alma, sentirlo tuyo, identificarte con eso. No es solo un sound track, es el sound track de mi vida, lo hago mío.

¿Cuán larga es la sombra de Bernstein cuando se ha de asumir la dirección de la Filarmónica de Nueva York, en 2026?

No lo siento como una sombra. Bernstein es un grande que está por allá, muy por encima. Yo más bien me siento bendecido de que me conecten un poco con lo que fue su vida. Esa intensidad de cómo vive la música nos conecta muy bien. Pero él es uno de los grandes genios de la historia de la música. Yo soy un intérprete, estoy en el camino de construir algo. De él sigue el aura de personaje único que le dio una época de oro a la orquesta. Y bueno, ese sí es un reto hacer brillar ese oro que está allí, que debe estar más pulido y brillar más. Una responsabilidad.

Es intérprete pero... comenzó su vida como compositor.

Era un niño y escribía mis cosas y lo tocábamos en mi orquesta juvenil y todo esto. Para eso necesitas tiempo, un tipo de tiempo muy distinto, una meditación. Yo ahorita estoy en mi proceso de contemplación. Lo que me llama mi espíritu artístico es a entender más a estos genios que interpreto. Si llega el momento de componer algo como tal, pues lo haré. Nunca digas nunca.

¿Y a la Ópera de París le ha dicho 'nunca' al renunciar a la dirección musical de la institución? La orquesta le adora.

Y yo a ellos. Fueron circunstancias complejas y un paso muy difícil de entender, pero era lo más adecuado. Yo entregué dos años intensos de mi vida a un trabajo hermosísimo a través del cual me di cuenta de que hay prioridades. Me topé con esa piedra, con ese diamante, mejor dicho, pero es fundamental la calidad del tiempo y no la cantidad de responsabilidad que tenga. Y de eso me tuve que dar cuenta yo, viviéndolo. Ha pasado un año y ya, he tenido la oportunidad de hablar con los músicos, hay una conexión, volveré. París fue un hermoso capítulo de mi vida y, como algunas parejas, conservamos el amor. Fueron seis meses de buscar una salida, que no se encontraba. Entonces uno tiene que dar paso a algo que funcione mejor.

¿Ve algún movimiento en Venezuela, alguna inflexión?

Ha de haber un cambio fundamental, lo estático no funciona, lo prueba la historia. Ideales radicales no funcionan tampoco. El mundo es un mundo flexible, cambiante. Evidentemente, el tiempo de una sociedad es muy distinto al tiempo individual y eso a veces no lo entendemos. A veces los cambios requieren un tiempo y requieren chocar con algunas realidades para poderte dar cuenta de qué es lo que quieres cambiar. Mi país está viviendo eso. Y creo que el cambio realmente está en el encuentro de la sociedad. Nos han dividido demasiado, nos han radicalizado demasiado. No podemos poner a pelear a hermanos por conveniencias, por ideales. No funciona. El encuentro, el respeto, el espacio para el otro... eso es lo que se tiene que encontrar. A partir de allí va a haber un cambio. Pero no radical, porque no funcionaría.

Yo he sido un target político durante muchos años en mi país y lo entiendo, lo entiendo por la misma radicalización de la polarización de la sociedad"

Yo he sido un target político durante muchos años en mi país y lo entiendo, lo entiendo por la misma radicalización de la polarización de la sociedad. No puedo hacer nada, sobre todo viniendo de una institución que depende del Estado venezolano, que es el Sistema de orquestas, que el año que viene cumple 50 años. Ahora viajo con la Orquesta Nacional Infantil, tocamos en el Carnegie Hall y en Chicago y en Boston y en Los Ángeles. Con la Bolívar venimos a Europa en enero, celebrando los 50 años. O sea que el sistema sigue viviendo: es un programa que le pertenece al país entero. De manera que creo que es importante que haya un cambio que tenga el peso para poder construir.

¿Qué recomienda?

Yo siempre he pensado en el encuentro y en el respeto a las diferencias. Eso es lo que yo vivo en una orquesta. Se hace belleza, se hace armonía a través de las diferencias. Esa es la verdad. A veces los conflictos, las crisis significan crecimiento. Mi maestro me lo decía. El maestro Abreu era un hombre de crisis. Lo necesitaba para crecer. “Si no te duermes en los laureles”, siempre nos decía. Siempre tiene que haber algo que te incite a poder mejorar algo. Y creo que mi país está en ese momento, es un momento muy coyuntural. Yo tengo fe, mucha fe en que vamos hacia un camino mejor.

¿Usted es también un hombre de crisis?

Por supuesto. Soy un hombre de crisis, pero soy muy pragmático, soy muy optimista, soy una persona feliz por naturaleza. Intenso en mi querer, en mis cosas, pero... Soy una persona de crisis, aunque como el capitán en el avión, tienes que tener la calma inteligente, no la calma suficiente, sino la calma inteligente para poder manejarlo todo. Y eso, yo lo he ido descubriendo. Yo soy muy calmado desde que soy pequeñito, pero ahorita lo tengo como más asimilado en mi etapa adulta.

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