TONI HILL: "ME GUSTA LA PALABRA TRAICIóN, ME PARECE MUY BONITA Y CREO QUE SE USA MUY POCO"

En su nueva novela, 'La hora del lobo', el escritor Toni Hill plantea una trama ambientada en el valle pirenaico de Boí (Lérida). La vida cotidiana de los habitantes de la zona se verá perturbada por un brutal crimen: el asesinato de un chico de 15 años.

¿Por qué ha elegido como tema central de su libro la traición?

Me gusta que las novelas tengan una especie de eje temático, que haya un concepto que circule por ellas. En realidad, en ‘La hora del lobo’ no se especifica en ningún momento este tema, sino que vas viendo que hay diferentes tipos de traición, algunas muy leves y otras bastante más profundas. Forma parte de la trilogía que empezó con ‘El último verdugo’, donde el concepto básico era claramente la justicia/venganza, es decir, dónde termina la justicia y dónde empieza la venganza. En la tercera, la trama girará en torno al rencor.

Justicia, traición y rencor son cuestiones serias...

Así es. En el caso de ‘La hora del lobo’ hablo de la traición hacia afuera, pero también de la traición hacia dentro, como nos traicionamos a nosotros mismos por que nos cuesta reconocer ciertas cosas de nosotros mismos que están ahí.

El hombre es un lobo para el hombre...

También he jugado un poco con la metáfora del lobo, que sigue su instinto depredador para alimentarse. Siempre fue el malo del cuento y ahora es una especie protegida. Entonces, ¿cuál es el verdadero lobo? A mí me gusta la palabra traición, me parece muy bonita y creo que se usa muy poco. Ya nadie dice: «Me traicionó». Suena a telenovela. Parece que cuando dejas de nombrar las cosas dejan de pasar, pero las traiciones siguen existiendo, otra cosa es que no las expresamos así.

¿Podríamos decir que es algo inherente a la condición humana? ¿Somos traidores por naturaleza?

Claro, todos somos Judas. En ‘La hora del lobo’ hay una reflexión dentro de la trama sobre porque nos empeñamos en ser algo que no podemos ser. No todos podemos ser Jesús, y en cambio abominamos al que es humano como nosotros (Judas). Todos somos Judas en el sentido de que somos imperfectos y susceptibles a la envidia, los celos... Por mucho que nos esforcemos, jamás llegaremos a ser perfectos.

Al principio de ‘La hora del lobo’ incluye una cita de Ingmar Bergman. ¿Tiene alguna relación su libro con la película homónima del cineasta sueco?

‘La hora del lobo’ es una película muy inquietante, pero en realidad no tiene más relación. Sí que me gustó ese concepto de la hora del lobo que además me ayudaba, por otro lado, a estructurar toda el libro. Las partes de la novela son las partes del día que terminan con la hora del lobo, que es justo antes del amanecer, ese momento en el que según Bergman pasan una serie de cosas. Se llama así también porque en esa fase hay una luz que te permite ver que se te acerca algo pero no sabes distinguir si es un perro o es un lobo. Por eso se llama la hora del lobo. Es el tiempo en el cual uno puede ser sincero con uno mismo. Todas esas cosas que he citado antes de traicionarse a uno mismo o de dar rienda a tus instintos o no es más fácil que suceda en ese preciso instante en el que medio te ven, medio no, que a las doce del mediodía con un sol deslumbrante.

Esta obra, igual que la anterior y la que vendrá después, no iba a formar parte de una trilogía. ¿Cómo ha logrado componer las piezas para cohesionarlas?

No estaba pensado así, pero cuando terminé de escribir ‘El último verdugo’ tenía la sensación de que me quedaban cosas por explicar de los dos personajes principales, tanto de Lena Mayoral como del Verdugo. Antes de que se publicara, planteé que si funcionaba mínimamente me gustaría seguir con la historia. Y así lo he hecho. Lo complicado de estas novelas es que tienes que añadir una trama que de alguna manera se mezcle, y que por otro lado te deje hueco para que tanto Lena como el Verdugo puedan tener su espacio.

Antes ha comentado que cerrará esta historia con un texto en torno al rencor...

Es otra de esas palabras que me gustan. Se usa de una manera un poco banal a veces y en cambio es un sentimiento que se acumula, por chorradas, por cositas. Llega un momento en que no puedes más y si no lo resuelves se transforma en odio y te lleva a hacer cosas terribles. A mí no me interesa ese momento en que ya aflora el odio, sino ese instante previo, la antesala, cuando las cosas aún se podrían reconducir. Justicia, traición y rencor son los temas que vehiculan las tres novelas y que dan sentido de unidad.

¿Es una ventaja haber estudiado la carrera de Psicología a la hora de construir sus personajes?

Seguramente, no tiene nada que ver el hecho de que yo estudiara Psicología, sino más bien mi interés hacia la gente y preguntarme: «¿Por qué la gente hace cosas?». La carrera te da unos conceptos teóricos que son los mismos que alguien con un mínimo de curiosidad y de interés puede conocer: la paranoia, la esquizofrenia, el delirio, la fobia...

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